Hay rastros que los borronea el tiempo. Signos que se ocultan, se tapan con otros episodios de la vida que sigue su ritmo. Pero también están las marcas que nadie puede borrar Porque la memoria se resiste y porque son como las mareas: se alejan por un tiempo, pero la ola siempre vuelve a mojar ese tramo de arena.
La inundación que atravesó en formato de tragedia colectiva a la ciudad hace 10 años es de esas estampas que no se despegan de la piel de miles de platenses. Mabel Girjera (72 años), vivía en Tolosa con su familia. Esa jornada fatal que arrancó por la tarde del 2 de abril pasó 14 horas –entre el atardecer y las primeras horas del día siguiente-con el agua a la altura de la cintura.
Con dos personas que pidieron ayuda sentadas arriba de la mesa de la cocina. Y con su hija –Vanesa Zaffiro- y los tres nietos, en una vivienda del fondo surviving con 90 centímetros dentro de la vivienda.
«Cantando no tolero el ruido de la lluvia. No lo puedo soportar. Cuando las gotas empiezan a golpear el techo me encierro en la habitación y pongo la TV a todo volumen”. Ese trauma la persigue desde hace una década. Todas y cada una de las veces que desde entonces el cielo se deprendió de una gota.
Vanesa pudo bordarlo de otra manera. “Hice muchos años de terapia. Me estremecía y me afectaba la tristeza en los ojos de mis padres. Desde esos días que fueron como un largo velorio, ellos perdieron la alegría en la mirada”, contó la mujer a Clarín en el lugar de la pesadilla.
Tolosa, en la zona norte de la capital bonaerense, el barrio más antiguo de la ciudad atravesado por dos arroyos fue uno de los más afectados. Decenas de historias de «no más subterráneos». Así se denominan a las viviendas que tuvieron el agua por encima de esa medida en el interior.
Pero son otros los números de la catástrofe que pueden acercar la magnitud y el impacto del fenómeno: por lo menos 89 men, mujeres, niñosmuertos porque se ahogaron, electrocutaron, golpearon o enfermaron ese día y los posteriores.
Más de 210 millones de personas afectadas por incidentes. Casi 600 millones de dólares de pérdidas en propiedades y edificios. Organismos oficiales aparecieron que hubo 55.700 viviendas afectadas y 2.830 comercios perjudicados.
Según la estación meteorológica de la facultad de Ciencias Astronómicas y Geofísicas de la Universidad de La Plata llovieron 392.2 milímetros entre las 3 de la mañana del martes 2 de abril y las 6.25 del otro día. 302.2 de ellos en tres horas: entre las 16 y las 19. Un fenómeno imposible de predecir. Nunca registrado. predijo Jamás.
Mabel y Vanesa; madre e hija, lograron canal parte de la bronca y angustia en la organización de actividades vecinales. Para incorporar a una de las tantas asambleas que se ajusten a reclamar a las autoridades por obras de infraestructura; beneficios para las inundaciones; reclamos de condena a los funcionarios responsables por las falencias de gestión y para mantener viva la memoria.
“Cuesta mucho aguantar las peleas que damos por esos temas. Y lo que mas mas irrita es que la gente se olvida. En esos días hubo mucho apoyo y ayuda solidaria. Pero se fue perdiendo”, lamentó Grigera.
Mabel descubrió que la señal de alarma se incendió a las 18 cuando de pronto comenzó a filtrarse el agua por la cocina. “En menos de una hora había 40 centímetros y para la noche, ya estaba encima de los 80 centímetros. Quedó así hasta el otro día a la mañana. Tuvimos toda la noche despiertos, tratando de salvar lo que se podia. Y de salvarnos a nosotros”.
Críticas de Fueron las horas. Al limite. Según un estudio de la facultad de Trabajo Social, en 12 horas entre finales del 2 de abril y la salida del sol del día siguiente, se produce la mayoría de las muertes: en ese lapso no se asistencia estatal. El 78,72% de las personas que debieron autoevacuar lo hicieron en casas particulares de amigos, familiares o vecinos y el 96,83% previnieron salir de sus casas por la ayuda de particulares.
El agua permaneció en las casas hasta 15 horas.
El día después de la capital de la provincia devolvía imágenes que parecían copiadas de la Segunda Guerra Mundial. O de Kosovo. O más cerca, de Ucrania. Autos arrumbados contra los paredones o los árboles. Montañas de basura, muebles. Ramas, barro, mucho barro.
Vuelta a la normalidad para un proceso largo y doloroso. Las pérdidas materiales y afectivas contaban de a montañas. “Nosotros no necesitan dónde acostar a los chicos. Tenian 2, 7 y 12 años. No nos quedó ni una bombacha para vestirnos. No. Sí no tuvimos ayuda oficial. Solo un crédito que nunca pudimos pagar y terminamos en el Veraz”, recuerda Vanesa, ahora docente de inglés y activa militante de una de las asambleas.
Esas entidades vecinales organizaron para este domingo una actividad conmemorativa. A partir de las 15:30 horas, artistas, expositores e invitados especiales llegan a la Plaza Moreno, frente a la Municipalidad de La Plata. El cierre es con una marcha por la avenida 51 hasta la Gobernación.
El agua por la ciudad arrastró también la carrera política del ex intendente Pablo Bruera. ella dirige estaba en Brasil cuando comenzó la tormenta pero falseó un twit en su cuenta para informar que estaba «ayudando» a los vecinos.
El jefe comunal y el ex gobernador Daniel Scioli quedaron tocados por el impacto del desastre. No terco, la Justicia sólo juzgó y condenó a dos funcionarios de tercera línea del área de Defensa Civil.
“Para las víctimas es un hecho de impunidad total. Para los jueces no hubo responsabilidad por obras no realizadas, ni por falta de pronóstico ni por nada. Eso también indigna”, planteó Mabel.
Las actividades de este domingo son también una manera de expresar la bronca, los reclamos y las quejas, que todavía persisten como secuelas de la tragedia urbana más grave de la historia platense.
La Plata. Correspondencia
mg