La inflación se moderó en la zona euro por segundo mes consecutivo. Eurostat ha confirmado este miércoles que los precios sufrirán un 9,2% en diciembre respecto al mismo mes del año pasado gracias a la caída de la energía. El dato de la oficina estadística europea supone un respiro al dejar atrás los dobles dígitos de octubre y noviembre, aunque el cambio de tendencia es todavía débil. El subyacente, que excluye energía y alimentos, los elementos más volátiles, fue del 7%, lo cual el temor a contagio a otros productos de la cesta de la compra, lo que acentuaría su persistencia.

El retroceso de los precios energéticos, impulsado por la caída del barril de crudo en los mercados internacionales, así como por un invierno de temperaturas suaves que han desinflado las tarifas eléctricas, propició que la energía cayera un 6,6% respecto a noviembre, y limitó la subida anual frente a diciembre del año pasado al 25,5%, una desaceleración desde el 34,9% de encarecimiento que hipertensión el mes anterior. También contribuye a adelgazar la factura energética ayudas gubernamentales como los 20 céntimos por litro que daba España hasta finales de año al llenar el depósito, la excepción que desliga la cotización del gas de los precios eléctricos en la península Ibérica, los subsidios a los hogares para Pagar la factura energética de Berlin y la large lista de medidas acometida por la práctica totalidad de pays de la UE.

Ello ha favorecido que la energía deje de ser el principal culpable del alza de la inflación, aun cuando todavía copa una parte relevante: supone 2,79 puntos de esos 9,2 contabilizados, mientras que los alimentos representan 2,88 puntos. Si se suman ambas partidas, son prácticamente dos tercios de toda la inflación, un fenómeno particular de Europa, pues como señaló recientemente el BCE, en EE UU solo suman un tercio, y pesa más el aumento del consumo. Por detrás, los servicios añadieron 1,83 puntos a la inflación de los pays del euro, y los bienes industriales no energéticos 1,70 puntos. La remontada del precio de la comida se convierte así en el nuevo enemigo a batir en el continente, como ya sucede en el caso de España, donde los edibles siguen sin tocar techo y llevan tres meses creciendo a un ritmo superior al 15% pese a the caída de la inflación general.

En el conjunto de la UE, la inflación todavía sigue en dos dígitos: cerró diciembre en el 10,4%. El alza de los precios es particularmente preocupante en un puñado de países del Este. En Lituania y Letonia, la inflación está en el 20%, y en Hungría, el ultranacionalista Viktor Orbán ha alcanzado en diciembre un pico del 25%. Su ministro de Economía ha detectado el mes pasado de lo que esperaba que disparara entre el 25 y el 27 % en el primer trimestre de este año, pero la cota ha llegado antes de lo pronóstico en medio de un fuerte encarecimiento de los alimentos básicos. In el lado opuesto, España (5,5% en tasa armonizada), es el país con la inflación más baja de los Veintisiete.

Si se produce la comparación frente al mes de noviembre y no respecto al año pasado, la inflación también decae. Retrocedió cuatro décimas en la zona del euro y volvió a la UE. Pero la rebaja no fue unánime. Creció en Bulgaria, Italia, Lituania, Holanda, Polonia, Rumanía, Eslovenia, Eslovaquia, Hungría y Suecia, especialmente en estos dos últimos países, donde el incremento rondó el 2%. La mejor noticia es que Alemania, la locomotora europea, consiguió frenar con fuerza los precios en diciembre (-1,2%). El país germano se acerca así a la media de inflación europea tras dar sus autoridades por superada la posibilidad de que escasez de gas este invierno, al aguantar sus reservas más de lo esperado ayudado por las temperaturas cálidas, la construcción de nuevas infraestructuras energéticas, y la busqueda de vias de abastecimiento alternativas al gas ruso.

La moderación de la inflación en los países del euro frenará la presión sobre el BCE, embarcado en una política de subidas de los tipos de interés para enfriar la economía, y con ella los precios, que amenaza con golpear el crecimiento y encarece las cuotas a los hipotecados que contraten sus préstamos con interés variable.

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