Más de un centenar de excarcelaciones recientes en Venezuela han reavivado el debate sobre la situación de los presos políticos, las condiciones reales de su liberación y el alcance efectivo de estas medidas. Lo que el Gobierno presenta como gestos de apertura es observado con cautela por organizaciones civiles, familiares y la comunidad internacional.
Las excarcelaciones en Venezuela y las dudas que persisten
En los días recientes, el Gobierno venezolano ha comunicado la liberación de más de un centenar de personas que seguían bajo privación de libertad, aunque este anuncio ha venido acompañado por un notable silencio institucional: no se han presentado listados oficiales con los nombres de quienes recuperaron la libertad ni se ha especificado en cuáles centros de reclusión permanecían detenidos. La información conocida hasta el momento ha sido reconstruida mayormente por organizaciones no gubernamentales dedicadas a la defensa de los derechos humanos, que han monitoreado de cerca cada situación.
A esta falta de transparencia se suma otro elemento central: la ausencia de detalles sobre la situación jurídica en la que quedan quienes recuperaron la libertad. No se ha aclarado si se trata de absoluciones, sobreseimientos o medidas provisionales, lo que deja a las personas excarceladas en un escenario de incertidumbre legal. Esta ambigüedad ayuda a explicar por qué la mayoría ha optado por no ofrecer declaraciones públicas sobre sus experiencias, especialmente dentro del país, donde persisten temores asociados al aparato de seguridad estatal.
Excarcelaciones sujetas a condiciones y causas judiciales en curso
Diversas organizaciones civiles han señalado que las recientes excarcelaciones no garantizan por sí mismas la conclusión de los procesos judiciales, y defensores de derechos humanos apuntan que se trataría de liberaciones sujetas a condiciones particulares, lo que deja abierto el riesgo de que las personas puedan ser detenidas nuevamente; en varios casos, además, se ha pedido que los nombres de quienes fueron liberados no se hagan públicos como medida adicional de resguardo.
Desde estas organizaciones se insiste en que la condición de “preso político” no se extingue automáticamente con la salida de la cárcel, sobre todo cuando las causas judiciales siguen activas. La figura de las medidas cautelares sustitutivas de la privación de libertad ha sido señalada como un mecanismo recurrente, que permite al Estado mantener control sobre los excarcelados sin necesidad de mantenerlos tras las rejas.
Un ejemplo que ilustra esta situación es el de la activista venezolana-española Rocío San Miguel. Sus familiares han explicado que su excarcelación no representa una libertad plena, sino una medida judicial alternativa dentro de un proceso que continúa en curso. Entre las restricciones impuestas se incluye la prohibición de realizar declaraciones públicas, lo que limita su capacidad de denunciar o explicar su situación.
Restricciones, controles y silencios forzados
El Ministerio del Servicio Penitenciario ha señalado que las personas liberadas estarían vinculadas a hechos considerados como amenazas al orden constitucional y a la estabilidad del país. No obstante, no se han especificado de manera oficial las condiciones concretas que acompañan estas excarcelaciones. Consultas realizadas por medios internacionales a las autoridades venezolanas no han obtenido respuesta hasta el momento.
Testimonios de familiares de excarcelados a finales de diciembre revelan un patrón de restricciones que se repite. Entre las medidas cautelares más comunes se encuentran la prohibición de salir del país, la imposibilidad de conceder entrevistas o emitir opiniones en redes sociales, así como la obligación de presentarse periódicamente ante los tribunales. En algunos casos, también se ha impuesto la prohibición de comunicarse entre sí, una disposición que limita la organización colectiva y el intercambio de información entre antiguos detenidos.
Organizaciones como Foro Penal han podido corroborar un volumen de liberaciones muy inferior al reportado por el Gobierno; hasta una de las últimas revisiones apenas se habían constatado algo más de medio centenar de casos, una cantidad que no alcanza ni siquiera la mitad de lo comunicado oficialmente y que representa solo una pequeña porción del conjunto de presos políticos que dichas organizaciones registran en el país.
Perspectivas externas: los relatos que ya han salido a la luz
A pesar de que dentro de Venezuela suele imperar un marcado hermetismo, algunos liberados de origen extranjero que consiguieron abandonar el país han narrado sus vivencias al llegar al exterior, y sus testimonios han revelado aspectos sobre las condiciones de su encierro y las secuelas emocionales derivadas de una detención prolongada.
Uno de los relatos que más se han divulgado es el del empresario italiano Mario Burlò, detenido a finales de 2024 y recién regresado a Italia. Burlò contó que, mientras permanecía bajo custodia, llegó a temer por su vida y que su familia interpretó su ausencia como una prolongada desaparición. De acuerdo con lo que declaró, se le imputaron delitos graves como terrorismo y conspiración, acusaciones de las que más tarde quedó exonerado.
En relación con las condiciones carcelarias, describió un régimen de encierro severo, con salidas limitadas al patio y condiciones de higiene precarias. Aunque señaló que no sufrió agresiones físicas directas, enfatizó el impacto del aislamiento prolongado y la incomunicación con su familia durante casi un año, una experiencia que calificó como psicológicamente devastadora.
Otro caso es el de Alberto Trentini, trabajador humanitario detenido en noviembre de 2024. A su llegada a Italia, expresó alivio por recuperar la libertad, pero también subrayó que el costo emocional de más de un año de detención es difícil de superar. En un mensaje transmitido por su defensa legal, Trentini habló de la necesidad de tiempo y tranquilidad para procesar el sufrimiento vivido, al tiempo que recordó a quienes aún permanecen detenidos en Venezuela.
Un panorama dominado por la incertidumbre
Las excarcelaciones recientes, lejos de cerrar un capítulo, han abierto nuevos interrogantes sobre la situación de los derechos humanos y el Estado de derecho en Venezuela. La falta de información oficial detallada, sumada a las restricciones impuestas a los liberados, refuerza la percepción de que se trata de medidas parciales y reversibles, más que de soluciones definitivas.
Mientras tanto, las organizaciones civiles continúan documentando casos, verificando información y acompañando a las familias de los detenidos. La comunidad internacional observa con atención un proceso que combina gestos de apertura con prácticas que mantienen un alto grado de control y opacidad.
En este escenario, los testimonios que logran filtrarse desde fuera se transforman en elementos esenciales para entender lo que sucede dentro de los centros de detención venezolanos. Son narraciones que, además de relatar vivencias personales, exponen un panorama más amplio marcado por la duda, el miedo y la esperanza contenida, tanto para quienes han recuperado su libertad como para quienes aún la aguardan.